27.2.06

Mirando atrás con sorpresa

La existencia es un sucio juego de apuestas. Es como subir por una escalera de caracol, totalmente a oscuras. Tienes un pie firmemente asentado sobre un escalón, el presente, y el otro en el aire, dispuesto para pisar el próximo peldaño, el futuro. Te mueves sin ver por dónde vas, y en cuanto dejas un escalón para apoyarte en el siguiente, se deshace, desaparece en la negrura y ya sólo puedes recordar que estuviste allí, pero nunca volver atrás, al pasado.
Normalmente, cuando tu pie en el aire avanza hacia el futuro, tantea un poco y encuentra el próximo peldaño, lo pisa y lo convierte en presente. Sin embargo, a ciegas, no puedes saber que la escalera continúa. Normalmente lo hace. Suele continúar. Pero no tiene porqué ser así. Cada vez que avanzas, te apuestas la vida, porque un día no habrá peldaño, ya no podrás seguir subiendo y te quitarás la duda de qué hay después de la muerte.

De pequeños, ese baile con el vacío nos fascinaba. No sabíamos cómo acaba y por eso el tiempo era más lento en la infancia, porque estábamos muy pendientes de su evolución. Es difícil recordarlo ahora, que ya usamos desodorante y sabemos que con el último paso, la palmas, pero así fue. Hoy, subir la escalera, pese a lo peligroso que resulta, se nos ha convertido en costumbre y a penas le prestamos atención a nuestro camiñar hacia el futuro. Es lo lógico y lo normal, sólo los locos viven obsesionados con la muerte, pero no deja de ser fascinante nuestra capacidad para convertir en rutina algo tan frágil como el baile de la existencia.

Todo este rollo macabeo viene porque, en los últimos días, me he dado cuenta de que me siento muy cómodo con este blog y de que actualizarlo se ha vuelto una especie de rutina irregular. Se me hace raro, pero si nos acostrumbramos a saltar de día en día sin hacernos demasiadas preguntas, ¿por qué no a escribir desbarres aperiódicamente?. Cuando empecé no estaba seguro de que fuese capaz de mantener mucho tiempo esta sucesión de textos digitales, pero las ideas han ido llegando (mal que bien), sé que tengo tres lectores fijos (al menos) y me divierto haciéndolo, así que este duende tendrá cuerda para rato. Os lo prometo a vosotros y a mí mismo.
Aún no he llegado al post número cien, que es cuando tienen que hacerse esas reflexiones, pero como decían los asnos de Cervantes: "Metafísico estás, amigo" "Sí, es que no como".

23.2.06

Recomendación del chef

Probad a jugar a esto. A lo mejor os pide un plug-in, pero descargadlo que merece la pena. Sobran más explicaciones.

La fiesta de los locos

Tengo que confesar que detesto el Carnaval. Es una época del año en la que el pudor, el sentido del ridículo, la buena educación y el respeto al espacio privado de cada uno se van a tomar pol saco. Puede que haya quien no eche de menos nada de eso, pero los tipos tímidos y traumatizados como yo si que lo hacemos, son cosas que nos facilitan la vida.

En Carnaval todo vale. Conviértete en un camello rosa, habla con otro que se ha transformado en Mortadelo, al que ni mirarías si llevase vaqueros y camiseta de Rosalía de Castro. Tira bombas fétidas dentro del supermercado, improvisa performances con esa comparsa de exquisito gusto que simula ser una célula de Al Qaeda e insulta a todo el que te apetezca como si estuvieses en un foro de internet.

Y todo esto ¿por qué? Porque son los tres días al año que nos está permitido hacerlo. Venga, todos a soltar el estrés acumulado y las frustraciones sociales, y rapidito que nos metemos en marzo y hay que volver a ser serios otra vez. ¿Divertirse al son de la voz de su amo? Señores, esto no es anarquía, sino caos. Llamadme reprimido, lo soy, pero no me hace gracia que un señor con perilla al que no conozco de nada y que va vestido de prostituta cubana se dedique a echarme la mano al paquete. Y las comparsas de Cádiz no me hacen ni puñetera gracia, dicho sea de paso.

El Carnaval cumple aún con la función de las fiestas paganas cuyas fechas ha heredado, como la Lupercalia romana o las celebraciones de la diosa celta Carna. Básicamente, se resumían en “vamos a darnos un día al año para ponernos hasta el culo de hierbas que colocan, pegarnos hostias unos a otros y vestirnos con pieles de animales muertos, para luego ir a sachar el campo y/o matar enemigos con más ánimos”.

La Iglesia, en su afán apropiativo, convirtió estas fiestas en una previa de la cuaresma. Por si la gente se les cabreaba mucho al obligarlos a pasar cuarenta días sin comer carne, les daban una semanita de excesos, pa que estuviesen contentos.

En la Edad Media, tiempo de represión y cafrerío donde los haya, la celebración alcanzó su máximo exponente y pasó a llamarse Fiesta de los Locos. El señor feudal de una zona daba autorización a sus vasallos para violar, robar y matar durante unos cuantos días sin miedo al castigo oficial. Los vasallos en cuestión se ponían máscaras para evitar que los vecinos les aplicasen un castigo oficioso, a posteriori, por haber quemado su establo y de ahí quedó la costumbre.

Liberación de estrés organizada por el poder. Clausuremos el Carnaval y convirtámoslo en una fiesta a favor de la jornada laboral de 7 horas, por ejemplo. Y si queréis quitaros la represión, haceos jugadores de rol o de rugby. Funciona mejor.

21.2.06

Peor están en la mina ... creo

De esta encuesta se deduce que es mejor ser cavador de zanjas que periodista. Bueno, hay quien dice que es una profesión de putas. En cuanto a condiciones de estabilidad laboral, puede ser, pero las putas tienen mucha más ética profesional que el plumilla medio. En todo caso, y desde la tranquilidad que da currar para el diario en gallego más importante de la Vía Láctea y Alpha Centauri, a mi el trabajo me da más satisfacciones que disgustos... aunque me joda reconocerlo. Será porque no tengo vocación, ni creo ya que me vaya a crecer.

19.2.06

Al trapo con Mahoma

No me apetecía nada hablar de las caricaturas de Mahoma. Hace unas semanas consideré escribir sobre ellas, pero ya lo ha hecho demasiada gente, (Elric, por ejemplo) y lo único que yo podría decir sobre es "manipulación política de un malestar social a traves de la religión", nada muy brillante.

Las pocas ganas que tenía de argumentar sobre periódicos daneses de ultraderecha me las quitó la portada de El Jueves de hace dos semanas. Ese "Íbamos a dibujar a Mahoma... ¡pero nos hemos cagao!", de Albert Monteys, me pareció una ironía genial, directa al corazón del asunto. Deja claro que la reacción desproporcionada a una ofensa amenaza la libertad de expresión y lo hace sin insultar más de la cuenta, poniendo el punto de mira en los integristas descerebrados y en los políticos que se bajan los pantalones ante ellos.

Creo que no podía hacerse mejor, y hasta el ínclito Álvaro Pons estaba de acuerdo, así que ¿para que iba yo a insitir sobre el tema? Sin embargo, parece que la puñalada intercostal que El Jueves lanzó contra las concesiones al integrismo no les gustó a muchos de sus lectores habituales. El número siguiente tuvo una portada mucho más directa y apareció llenito de cartas de protesta len las que les llamaban blandos y vendidos. "Era mejor cagarse en los muertos de Mahoma", decían.
¿Si? ¿Era mejor? ¿Tendrían que haber dejado a Pedro Vera dibujar a Mahoma chupándosela a Ortega mientras Pacheco le daba por el culo? ¿En serio? A priori, no tengo nada contra el humor de sal gorda (sí, me hacen gracia los Tonechos, ¿algún problema?), pero una cosa es hacer chistes sobre Diego Tristán en la discoteca y otra reírse de unos señores que queman embajadas. Una broma soez es una ofensa directa y una excusa para quemar más cosas, mientras que, una buena ironía pone de manifiesto su estupidez y los deja sin argumentos.

En esa obra maestra que es Watchmen se dice: "Hizo algo que sólo los mejores comediantes saben hacer, me abrió los ojos". No hay que decir que ese comediante no le contó un chiste sobre chupar pollas.

17.2.06

Poesía para orquesta y guitarra eléctrica

Prácticamente no leo poesía. Supongo que es fácil de deducir de mi forma de juntar letras unas con otras, máis bien poco lírica. Sin embargo, si que soy un gran aficionado a escuchar versos, es decir, canciones. Como mi oído es tan fino como el de un bacalao metido dentro de un microondas, tiendo a quedarme mucho más con la letra que con la música, pero tambien creo que la poesía es mucho más fácil de digerir cuando se explicita su ritmo y su melodía en forma de notas.
La música y los versos, unidos, tienen un misterioso poder alquímico que hace reaccionar nuestra programación genética. Son una combinación perfecta, como la ginebra y la tónica. No en vano, los viejos aedos, rapsodas, bardos y escaldas nórdicos eran tan cantantes como poetas. La Ilíada y la Odisea, historias más grandes que la vida, tenían música, aunque hoy no sepamos cuál es.
La gente que pone música a su poesía nos hace una concesión a los cerebros vagos y nos da algo de lírica para nuestras prosáicas vidas. Entre todos los que he escuchado nunca, hay dos que supieron hablarme al oído como nadie, tal vez porque lo que ellos escribieron tiene mucho que ver con mi auto-imagen auto-impuesta. Uno es Josele Santiago, el hombre tras Los Enemigos. Otro es Enrique Santos Discépolo, considerado uno de los mejores letristas de tangos.
Y silbando una canción, nos vamos.

16.2.06

El Paco que fue

Soy uno de esos cien o ciento cincuenta mil coruñeses que no recuerdan otro alcalde que no sea sir Paco Vázquez. Pero ya basta. Se va a contarles batallitas a los curas, huyendo del fantasma de la derrota y de los muchos escándalos que le estaba levantando La Opinión de A Coruña.

Hay quien vaticina que con su marcha se abrirán las aguas, se hundirá el Puente Pasaje y la Torre de Hércules comenzará a emitir rayos destructores sobre el Golfo Ártabro. Otros creen que la gente saldrá a bailar por su libertad ciudadana y celebrará libaciones al gran dios de la A Mayúscula, en nombre de la democracia. Ya veremos.

En todo caso, la política municipal será menos circo y más política, los comunicados del ayuntamiento estarán en bilingüe en vez de en castrapo y (espero) Maria Pita se quedará sin terrazas. El resto son conjeturas, pero me atrevo a prever que ni Lacoru ni el PSOE quedarán especialmente tocadas por la ‘espantá’ de sir Paco.

Y es que ese hombre se le hacía molesto ya hasta a sus hijos. Su deshonrado sucesor en la secretaría general de ese caos magmático que es el PSdeG, Milito el de Pontevedra, es ahora presidente de la Xunta y no debía de hacerle mucha gracia tener a Paco atrincherado en María Pita, soltando barbaridades y bajo sospecha de haber pactado con Fraga. Los allegados del gran socio, mr. Quin, tienen a este alcalde inmobiliario e inamovible por la bestia negra del nacionalismo. A ZP le estropeaba el aire progre del partido, a sus votantes se les hacia cuesta arriba aguantar las acusaciones de sus detractores, que a su vez se estaban quedando ya sin chistes que inventar. Paco coge la puerta y todos nos quedamos tan contentos, incluído el propio Paco, que se va invicto, tras aprender del error de Fraga.

Lo divertido llega ahora. Así a lo tonto, en Lacoru ya ha empezado la campaña para las municipales. Javier Losada, el nuevo gran hombre del PSOE (al que no me une ningún parentesco, aclaro) va a tener que demostrarles que no es Paco a los votantes de izquierda y que sí es Paco a los votantes de derecha. Henrique Tello, del BNG, que lleva toda la vida clamando al cielo contra la política caciquil, quiere aprovechar y anda a ver si se vuelve un hombre serio y ganador, al más puro estilo Quin.

Pero la mejor papeleta de todas la tiene el PP. Su candidato, Rodríguez Corcoba, es el primer pepero que le hizo sombra a Mr. Vázquez desde que se presentaba Lendoiro, pero resulta ser un demasiado poco democratacristiano para la los adoradores de Feijóo (con tilde). Carlos Negreira, presidente provincial del PP, lleva intentando cargárselo prácticamente desde que llegó, pero la agrupación lacoruñesa lo ha defendido hasta ahora.
Era muy posible que Negreira impusiese a un hombre de paja como candidato a la alcaldía para luego poder pactar con un Vázquez sin mayoría absoluta. Corcoba amenazó con presentarse como independiente, pero no resultaba temible en pleno arrastre paquista, pero ¿y ahora? Ahora se han quedado con el culo al aire. Habrá que seguir el caso con atención, risas garantizadas.

Desde esta nueva vida sin Paco, diré que su huída me deja dos pequeños pesares. El primero es no haber sido capaz de echarlo a base de votos, que estuve aguantando sin empadronarme en Santiago sólo por eso. El segundo es que el alcalde de alcaldes no haya llegado nunca a fundar el PVC (Partido Vazquista de la Coruña). Tal vez lo haga su sucesor, que partirá con una única ventaja: por muy feo que sea, nunca será menos fotogénico que nuestro embajador en el Vaticano.

14.2.06

España es Asturias y el resto, tierra conquistada

Para aprovechar mis nunca lo bastante largas vacaciones, he pasado el último fin de semana en tierras astures, en Gijón, mayormente. Podría decirse que es la ciudad natal de Jovellanos, la tierra por la que triscaba don Pelayo, la sombra de uno de los mayores enclaves siderúrgicos de España o una villa con mar y playa, pero daría lo mismo estar callado.

No nos hemos conocido mucho, Gijón y yo, fue más bien un escarceo, pero por lo que hemos hablado, he podido ver que es una ciudad con el orgullo en forma. No será la más rica de la región, ni la más bonita ni la más premiada, pero todo eso le importa un bledo. Los edificios de ladrillo sin pintar, a la vista de todos como una bandera de dignidad proletaria, y las casas de colores estridentes no ganarán nunca una mención de la UNESCO, pero se elevan con la seguridad de quién sabe cuál es su sitio y no se avergüenza de ello.

En los atontolinados ojos de un turista, en Gijón es agradable lo que en cualquier otro sitio resultaría espantoso, gracias a sus grandes construcciones, anchas avenidas, limpieza civil y aire de viejo minero que no ha sabido aburguesarse con los años. Por eso cuelgan banderines de Lenin en las sidrerías, bajo la camiseta del Sporting y, oye les queda bien.

Tienen a Izquierda Unida en el Ayuntamiento (con el PSOE de socio) y una alcaldesa de reputación ambigüa. Hay un Parque de Carlos Marx al que llaman Parque Asturias y una escultura de Chillida a la que llaman el Cagadero de King Kong. Y además, andas dos pasos y encuentras playas urbanas. Es más que de sobra para agradarme.

Los bares van de lo más pijo a lo más gafapasta, para todos los gustos, pero no para todos los bolsillos. La estética de la decadencia que se gasta la ciudad no ha afectado aún a los salarios de sus habitantes, algo malo tenía que tener. Eso sí, si te tiras el moco, puedes conseguir que las nativas te inviten a chupitos.

En Oviedo también estuve, pero sólo unas horas y con resaca de sidra, así que me fijé poco. Sólo puedo decir que está muy emperifollada y que ha ganado el premio Escoba de Platino, sea eso lo que sea.

Y, por último, una curiosidad. Si en Asturias dices “soy gallego”, te preguntarán a cuanto llevas el gramo y no se puede solucionar el malentendido sin explicar que las bateas no son patrimonio comunitario. Los estereotipos le dan la razón al amigo Nadador.

9.2.06

20º Century Boys

Hablemos de manga. Tras oír mucho sobre ella, me he atrevido a empezar 20º Century Boys, la que para muchos ha sido la serie del año 2005 (entre ellos, los lectores de La cárcel de papel).Entre la extensísima producción de los nipones, que tiende a copiarse a si misma, sale de vez en cuando una obra que marcha estilo y que será imitada por los que vengan detrás. Akira, El lobo solitario y su cachorro, Dragon Ball fueron algunas de ellas, así como Fénix o Buda, de Tezuka, el Dios del manga. 20º Century Boys, de Naoki Urasawa es una firme candidata a entrar en esta lista.

El argumento es un thriller de los buenos, que deja al lector mordiéndose las uñas al final de cada tomo y contando los días que faltan para que salga el siguiente. La cosa empieza así: una organización a medio camino entre la masonería y Sendero Luminoso, dirigida por un misterioso personaje llamado “amigo” prepara una conspiración a nivel mundial y comienza a infiltrarse en las sociedad japonesa, a base de secuestros y muertes selectivas. Kenji, un tipo corrientucho que tiene una tienda 24 horas en Tokio, recibe una carta de un compañero de la infancia, que acaba de ser asesinado mientras investigaba a la dichosa secta. Kenji empieza a hacer preguntas sobre ella y descubre que el plan que siguen es idéntico a uno que él había inventado de niño mientras jugaba con los chicos del barrio a ser guerreros que salvarían a la humanidad. Y no os cuento más, pero se lía una de las gordas.

Urasawa sabe dosificar las revelaciones del argumento para crear sensación de angustia y misterio, utilizando los flashbacks con una maestría que deja en evidencia a más de un director de cine. Te atrapa, y cuando piensas que te empiezas a oler de qué va la cosa, ¡zas!, giro argumental y otra vez a dos velas. No sé como lo hace, pero nunca resultan excesivos y nunca te los esperas.

El dibujo, impresionante. Dentro del manga, se enmarca en la tendencia más realista y menos caricaturesca. Su trazo tiene una gran expresividad y, al contrario que muchos de sus paisanos más excesivos, Urasawa mantiene una puesta en página contenida y con una estructura perfectamente legible para un occidental lerdo (como un servidor), que pone al servicio de la historia. Aunque, sin duda, en lo que más destaca es en su domino del ritmo y el tiempo narrativo.

Sólo llevo leídos cuatro tomos de los 14 que van publicados en castellano, pero cada vez me gusta más. Hace tiempo que no me encontraba con nada tan interesante y, por lo que se comenta, no decae, sino que va a mejor. En resumen, ¡mola! y el título es un homenaje a T-Rex. ¿Qué más se puede pedir?

6.2.06

Ateísmo militante

Salgo de mi exilio vacacional, desinformativo y a-tecnológico para pontificar un rato. Acabo de terminar la lectura del Tratado de ateología, de Michel Onfray. Es una obra que pretende servir de punto de partida para la creación de una moral atea, ajena a los valores judeocristianos del inconsciente colectivo occidental. Para eso, señala, disecciona y destruye todas las bases ideológicas de las tres religiones del Libro (cristianismo, judaísmo e islamismo) y anima a crear un laicismo militante que despeje todas las falsas creencias mesiánicas socialmente aceptadas.

Me ha gustado y me ha mosqueado, porque este francés cabrón hace reflexiones que yo habría deseado firmar, pero de las que mi pereza e incapacidad analítica me han mantenido alejado. Con envidia, citaré ahora algunas de las más interesantes, a riesgo de que el señor Onfray me denuncie por plagio.

La religión está al servicio de la pulsión de muerte. Cualquiera de los tres Libros es un refrito de textos en el que se pueden encontrar citas para justificar cualquier cosa, y su contraria también. Sin embargo, imanes, rabinos y curas se han empeñado una y otra vez en ponerse del lado de la muerte. El placer el pecado, rebelarse contra la opresión es pecado, pensar es pecado, la razón, la ciencia y la filosofía son pecado. La esclavitud, el genocidio y la opresión, son los métodos de dios.

Los portavoces del más allá sostienen que en su Libro está todo. Se lo leen a la gente (seleccionando ellos las citas que más les convengan para el caso) y les obligan a memorizar trozos. Memoria y obediencia antes que reflexión y crítica, eso siempre.

El judaísmo tiene leyes para todos los instantes de la vida e impide que los buenos creyentes hagan nada sin consultarlo con la Torá. El islam lo supera en este caso e incluye en su Corán la forma correcta de obrar durante las 24 horas del día, incluso hay versículos que explican como limpiarse el culo (y no es un chiste).

El cristianismo es mucho más laxo en este aspecto, pero porque prefiere legislar por omisión. No dicta una norma de lo correcto, pero quema y descalifica a todos aquellos que hacen lo que no les gusta. De ese modo lo correcto puede cambiar según convenga. Descartes, Spinoza y Hobbes, buenos filósofos deístas, están incluidos en el Índice de libros prohibidos de la Iglesia. Adolf Hitler, no.

Las religiones organizadas no merecen tolerancia. Ellos no la tienen hacia los que no participan en su club, y sus opiniones son terriblemente perjudiciales para el desarrollo de los derechos humanos. Cada uno en su casa puede rezarle a lo que quiera, evidentemente, pero pretender que las enseñanzas de un comerciante de telas histérico (San Pablo) o un pastor de cabras analfabeto (Mahoma) pueden dictar la política de un Estado es intolerable. El pensamiento mágico no se puede equiparar al pensamiento científico y creer que por amputarles el prepucio a los niños serán favoritos a los ojos de Dios es una estupidez.

Largo texto tras mi larga ausencia, ¿non si? El tema lo merecía. Si, pese a todo, os habéis quedado con ganas de más, compraos el libro.