El humor es una herramienta fundamental para ser humano. Con su ayuda, podemos soportar los reveses de la negra faz del mundo con un mínimo de entereza. Sin él, no nos quedaría otra que ser felices.
No es cosa mía, cualquiera que indague un poco puede encontrar múltiples referencias a este enfrentamiento entre la risa y la felicidad. Mark Twain dijo: "En el cielo no hay humoristas". Ramón J. Sénder describe a un personaje destacando que "como todas las personas felices, carecía de sentido del humor". La risa se nutre de los problemas y de los contratiempos, y aligera su carga, por lo tanto, si todo va bien, ¿para que reírnos?
Añadámosle un cierto componente psicoanalítico. Los chistes más populares entre la gente de a pie suelen señalar de un modo brutal los grandes tabúes sociales, reduciéndolos al absurdo soez. Así, aunque no sea habitual hablar libremente de sexo, y los padres denuncien a los maestros de primaria que lo hagan en clase, cualquier homo sapiens sabe una docena de chascarrillos sobre adulterio, ladillas y prácticas amatorias retorcidas.
Tampoco se habla de ETA más que para maldecir, pero sí se cuentan chistes sobre Irene Villa, Ortega Lara y sobre la Guardia Civil en el País Vasco. El humor es la válvula de escape de la opinión pública y por eso las Noticias del Guiñol son el informativo más veraz del país, porque no se toman en serio la información y pueden romper los dogmas.
Sin embargo, el humor más peligroso para la felicidad es el humor bien entendido, ya que una buena humorada puede explicar mejor un asunto que un trabajo académico de 300 hojas, siempre y cuando quien la escuche esté dispuesto a entrar en el juego. Alan Moore escribe en su Watchmen: "Hizo algo que sólo los mejores comediantes pueden hacer, me abrió los ojos". ¿Se puede ser feliz con los ojos abiertos? La respuesta, esta noche en tu almohada.
28.11.05
27.11.05
El fantasma que recorre Europa
El personal del museo situado en la casa que en el siglo XIX habitó la familia de los Uliánov, en la ciudad de Samara, y donde se crió el líder bolchevique y fundador del Estado soviético Vladímir Ilich 'Lenin', afirman que el edificio está habitado por fantasmas.
De vez en cuando en la casa se oyen pasos, se perciben olores inesperados o se mueven diversos objetos, dijo en declaraciones a la agencia rusa Interfax la directora del museo, Maya Obraztsova.
Obraztsova dijo que la semana pasada, mientras se mostraba la vajilla que utilizaban los padres del padre del socialismo real, el entonces rubio y de pelo rizado Vladimir Uliánov "Todos los visitantes, incluidos los representantes de la prensa, notaron un intenso olor a café, aunque nadie del personal lo había preparado", dijo.
También ocurre que en distintos lugares de la casa empieza a sentirse un "intenso olor" a pastel de manzana, el preferido de Lenin.
El personal del museo también cuenta que con frecuencia encuentra diversos objetos en lugares distintos de donde habían quedado la noche anterior. "Una mañana encontramos revuelta la cama en el dormitorio. La noche anterior, todo estaba en orden cuando la habitación fue cerrada con llave y el museo precintado y puesto bajo vigilancia electrónica", cuenta Obraztsova.
Consultados telefónicamente, varios periodistas de Samara se manifestaron convencidos de la existencia del fantasma de Lenin en la casa museo, lo que consideraron prueba suficiente para exigir que si la momia del gran revolucionario es retirada del Mausoleo en la Plaza Roja, los restos sean enterrados en esa ciudad rusa a orillas del Volga.
Otros, sin embargo, prefirieron ver tras los rumores, atizados por el personal del establecimiento, una campaña para atraer público al museo, casi olvidado tras la caída del comunismo.
¡Temblad capitalistas! ¡El paraíso proletario llega desde el reíno de los muertos! ¡Pronto sonarán las trompetas del juicio y la corriente del río Estix traerá legiones de verdaderos bolcheviques para liberar a sus camaradas proletarios! Hasta entonces todos a comer pastel de manzana.
26.11.05
Exhibicionismo
Hace unas horas, durante la comida, el Nadador me interrogaba sobre mi vocación literaria. "No tengo -dije yo-, sólo me gusta jugar con las palabras". Él, con su habitual psicoanális, dijo: "Claro, eso es como el que no tiene vocación de futbolista, pero le encanta dar patadas a un balón sobre la hierba y en calzoncillos". Francamente, me resisto a creer que nada de lo que yo haya escrito nunca se pueda definir como "literatura" (y aquí tenéis este blog para atestiguarlo), pero confieso que en los últimos años he llenado muchas páginas (reales y virtuales) con el terrorismo verbal que sale de mis dedos. Más de una vez me he intentado escribir una novela, pero nunca las termino, por pura indisciplina. Mi próxima obra inconclusa empezaría así:
Un autobús bajo el amanecer en una carretera pintada con tiralíneas. Tierras llanas, cielo plomizo y humedad tropical. El trayecto entre el aeropuerto y la gran ciudad siempre era igual de monótono. Veinte minutos malogrados en viejos asientos de madera, oliendo el sudor y las penas de los desconocidos. Hay una infinita cantidad de conversaciones posibles, amistades, amores, confianzas que nunca surgirán, porque nadie habla con su vecino de asiento en el autobús, no digamos ya con los que van tres sillas más adelante. Monotonía y 18 personas en soledad, dentro de su plaza pagada por la compañía aérea. 48 plazas, 30 de ellas vacías. 18 historias posibles en combinaciones de genética, educación y experiencia.
La chica rubia viajaba con la cabeza recostada en la ventanilla. El paisaje le recordaba su pasado, pero el reflejo en el cristal de su rostro de adulta se empeñaba en no dejarla huír del presente. Compartía el asiento con las cicatrices de todo lo que había sido, una de esas trampas nostálgicas que saltan en la memoria. El olor a humedad, la silueta de los edificios en el horizonte, los mensajes publicitarios en el viejo idioma… todo le recordaba a la parte de si misma que nació y murió allí, enterrada en el polvo de los años.
El televisor plano, colgado justo detrás del respaldo del conductor, enseñaba bonitas postales para los turistas. Asómese a las oficinas del Parlamento y verá a los políticos en su hábitat natural, recuerde como huelen la próxima vez que vaya a votar. Vea la parada más romántica de la ciudad, el mirador oriental construído sobre las ruínas del antiguo vertedero. No deje de visitar nuestros grandes jardines botánicos, con sólo un 67% de contaminación atmósferica. La publicidad anunciaba el aroma del regreso.
Un autobús bajo el amanecer en una carretera pintada con tiralíneas. Tierras llanas, cielo plomizo y humedad tropical. El trayecto entre el aeropuerto y la gran ciudad siempre era igual de monótono. Veinte minutos malogrados en viejos asientos de madera, oliendo el sudor y las penas de los desconocidos. Hay una infinita cantidad de conversaciones posibles, amistades, amores, confianzas que nunca surgirán, porque nadie habla con su vecino de asiento en el autobús, no digamos ya con los que van tres sillas más adelante. Monotonía y 18 personas en soledad, dentro de su plaza pagada por la compañía aérea. 48 plazas, 30 de ellas vacías. 18 historias posibles en combinaciones de genética, educación y experiencia.
La chica rubia viajaba con la cabeza recostada en la ventanilla. El paisaje le recordaba su pasado, pero el reflejo en el cristal de su rostro de adulta se empeñaba en no dejarla huír del presente. Compartía el asiento con las cicatrices de todo lo que había sido, una de esas trampas nostálgicas que saltan en la memoria. El olor a humedad, la silueta de los edificios en el horizonte, los mensajes publicitarios en el viejo idioma… todo le recordaba a la parte de si misma que nació y murió allí, enterrada en el polvo de los años.
El televisor plano, colgado justo detrás del respaldo del conductor, enseñaba bonitas postales para los turistas. Asómese a las oficinas del Parlamento y verá a los políticos en su hábitat natural, recuerde como huelen la próxima vez que vaya a votar. Vea la parada más romántica de la ciudad, el mirador oriental construído sobre las ruínas del antiguo vertedero. No deje de visitar nuestros grandes jardines botánicos, con sólo un 67% de contaminación atmósferica. La publicidad anunciaba el aroma del regreso.
25.11.05
Ya no hay cera que quitar
Todos los frikis, y más los que fuimos niños en los 80 estamos hoy de luto, pues ha muerto Pat Morita, el inconmensurable actor que encarno al señor Miyagi en la saga de Karate Kid.
Repetid todos conmigo:
"Poner cera, quitar cera".
"Hombre que cazar mosca con palillos poder conseguir cualquier cosa".
Snif.
Líderes pancarteros
Por petición expresa del caballero Elric, paso a publicar estas imágenes sobrecogedoras. En la oscura y fría noche del 23 de noviembre, ante el Parlamento de Galicia, dos candidatos a virreyes autonómicos trastean con las armas del enemigo aprovechando que pasaban por allí un montón de alcaldes enfadados por haberse quedado sin minicentral eléctrica en el río del pueblo:

"Ay, que bien, cuanta gente", dice Barreiro. "Lahostiaputa, se han vuelto locos", piensa el policía, y luego dice "No salgan, señores diputados, no se si podré contener a esta chusma". Feijoo responde: "No pasa nada, hijo, esta vez la chusma está de nuestra parte".

"¿Y como dice que va esto?", indaga Barreiro. "Usté ponga la boca por ese lao y grite barbaridades. Se lo cogí a mi hija, que lo tenía de cuando la LOU y se oye de puta madre", dice el alcalde de Zancurundiño. "¿Barbaridades? ¿Qué dirían los padres salesianos?", piensa Feijoo.

Los alcaldes y sus familias adoran a los diputados: "Barreiro sucesor", "Feijoo presidente", "Que no, que se llama Alberto Núñez", "Ah, perdón", "Touriño marica", "Quintana sucio y putero". Ante tanto entusiamos Barreiro intenta poner orden: "Señores, que no tienen que venir hacia nosotros, que no es un mitin. Esto es una manifestación y tenemos que avanzar calle abajo, todos hacia delante...". Feijoo, perdón, Alberto Núñez sigue ensimismado: "¿Barbaridades? ¿Barbaridades? Pues no me viene nada..."

Llegan los buitres de la prensa, justo cuando el ejército protestante se organiza en una dirección. Alberto Núñez, entonado por los focos, extrae una barbaridad de lo más profundo de su subconsicente: "A culpa de quen é, dos que votan ó Pepé". "Alberto, esa no vale", dice Barreiro. "Pues bien que la gritaban ellos cuando el Prestige..."
Démosles tiempo, muchachos. Pronto aprenderán a manifestarse correctamente y entonces.... podrían incluso organizar una plataforma ciudadana ... o participar en las Ultranoites de la Sala Nasa. ¡Cuidado! Su venganza será terrible ¡MWAHAHAHAHA!

"Ay, que bien, cuanta gente", dice Barreiro. "Lahostiaputa, se han vuelto locos", piensa el policía, y luego dice "No salgan, señores diputados, no se si podré contener a esta chusma". Feijoo responde: "No pasa nada, hijo, esta vez la chusma está de nuestra parte".

"¿Y como dice que va esto?", indaga Barreiro. "Usté ponga la boca por ese lao y grite barbaridades. Se lo cogí a mi hija, que lo tenía de cuando la LOU y se oye de puta madre", dice el alcalde de Zancurundiño. "¿Barbaridades? ¿Qué dirían los padres salesianos?", piensa Feijoo.

Los alcaldes y sus familias adoran a los diputados: "Barreiro sucesor", "Feijoo presidente", "Que no, que se llama Alberto Núñez", "Ah, perdón", "Touriño marica", "Quintana sucio y putero". Ante tanto entusiamos Barreiro intenta poner orden: "Señores, que no tienen que venir hacia nosotros, que no es un mitin. Esto es una manifestación y tenemos que avanzar calle abajo, todos hacia delante...". Feijoo, perdón, Alberto Núñez sigue ensimismado: "¿Barbaridades? ¿Barbaridades? Pues no me viene nada..."

Llegan los buitres de la prensa, justo cuando el ejército protestante se organiza en una dirección. Alberto Núñez, entonado por los focos, extrae una barbaridad de lo más profundo de su subconsicente: "A culpa de quen é, dos que votan ó Pepé". "Alberto, esa no vale", dice Barreiro. "Pues bien que la gritaban ellos cuando el Prestige..."
Démosles tiempo, muchachos. Pronto aprenderán a manifestarse correctamente y entonces.... podrían incluso organizar una plataforma ciudadana ... o participar en las Ultranoites de la Sala Nasa. ¡Cuidado! Su venganza será terrible ¡MWAHAHAHAHA!
24.11.05
Happy birthday, mr. President
Tal día como hoy, el presidente vitalicio de Galicia, don Manuel Fraga Iribarne, cumple 83 añitos y un día, así, tan campante. Felicidades de todos sus lacayos pre y post democráticos.
Esperamos que siga trabajando así de duro en el Parlamento, don Manuel.
Esperamos que siga trabajando así de duro en el Parlamento, don Manuel.
La saga-río: Terry y los piratas
El señor Milton Caniff, de Ohio, (1907-1988) fue uno de los hombres más influyentes en la corta historia del cómic, desde que en 1934 vió la luz en los períodicos yanquis su obra más famosa: Terry y los piratas. Por aquellos años prehistóricos, el cómic estaba íntimamente ligado a la presnsa escrita y todo diario que se preciase tenía un par de series exclusivas en forma de tiras diarias, así como un cuadernillo dominical a color llenito de historietas, que atraían a tantos compradores como las páginas de deportes. Era la llamada Golden Age del cómic estadounidense, en la que nacieron personajes como el Flash Gordon de Alex Raymond, el Príncipe Valiente de Harold Foster, el Hombre Enmascarado de Lee Falk o el Spirit de Will Eisner, todos ellos dentro de un periódico.
En esa lista de gigantes de las viñetas tiene un sitio propio Milton Caniff, uno de los primeros dibujantes que adaptó al cómic las técnicas del lenguaje cinematográfico (aunque suene raro, antes nadie usaba primeros planos ni planos medios) y uno de los primeros guionistas, si no el primero, en atreverse con la saga-río en lugar de decantarse por las aventuras sin ninguna conexión entre ellas, como era habitual. Todos esos logros nacieron y se perfeccionaron en Terry y los piratas.
Esta serie lleva el nombre del joven Terry Lee, un americano que viaja a China junto a su tutor, el irlandés Pat Ryan, para tomar posesión de una mina de oro que su abuelo le ha dejado en herencia. La mina la encuentra, sí, pero llenita de bandidos, por lo que acaba teniendo que volarla con dinamita y se queda sin un duro para volver a los EEUU, pero con un intérprete chino, el bueno de Connie, para hacerle compañía. ¿Y los piratas? Bueno, aparecen de vez en cuando, como los bandidos, y los empresarios coloniales, junto a aldeanos, jugadores, espías, aldeanos, soldados británicos y mujeres fatales (el propio Caniff reconoció que el título sólo buscaba ser atractivo y tenía poco que ver con la serie).
Las aventuras se sucecen una tras otra con una perfecta lógica y se van cruzando en el camino de los tres protagonistas, Terry, Pat y Connie, que son zarandeados por toda la faz de Asia. Podemos verlos en Borneo, luchando contra una plaga de malaria en un campamento minero británico, o en Mongolia, como rehenes de un señor de la guerra, o en Shangai, injustamente encarcelados por los tejemanejes de un empresario yanqui corrupto. En medio de tanta peripecia, van conociendo a una deliciosa galería de personajes secundarios, bien definidos y con sus propias motivaciones. Al contrario de lo que es habitual en la época, Caniff narra unas historias casi creíbles, sin componente racista y bastante respetuosoas con las culturas asíaticas. Su dibujo es simple, directo, y tremendamente narrativo, aunque un poco torpón en ocasiones, cosa que se le perdona por su espectacular manejo de las manchas de negro.
Milton Caniff fue un pionero y sin su trabajo, el cómic de hoy en día sería distinto. Su estilo ha influenciado a gente tan dispar como Will Eisner, Hugo Pratt, Frank Miller, Jack Kirby, Mark Sultz y un etcétera que no cabe en la pantalla. Desde luego, una lectura recomendable.
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