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2.4.07

Decíamos ayer...

Hmm... mmchh, mmchh, *bostezo*, ntch.

Y con estas onomatopeyas me sacudo la pereza y la desidia que me invaden durante los períodos vacacionales, y me dispongo a luchar de nuevo por el bien del gafapastismo desde el más importante diario en gallego de Casiopea, Ganímedes y Beltegeuse... con muy pocas ganas, y a actualizar el blog, con alguna más.

Ya he comprobado que, en cuanto cojo días libres me vuelvo ágrafo, no falla. No importa cuántos buenos propósitos haga, ni lo mucho que me repita “debería escribir algo esta semana”, cuando llega el momento de la verdad y me siento delante del PC, siempre acabo por ver capítulos de alguna serie que me hayan pasado (Full Metal Alchemist, estos días), leer algún cómic chungo en el CDisplay (si no fuese chungo, me lo compraría en vez de descargármelo) o perder el tiempo con algún videojuego (Total War, mayormente). Creo que eso de buscar ideas, decidir un enfoque y convertirlo en una sucesión de frases se parece demasiado a trabajar como para que mi cuerpo lo acepte durante las vacaciones. El síndrome de rascarse los huevos, podemos llamarle.

En todo caso, el descansito me ha cundido mucho, sobre todo en términos de noctambulismo y actividades frikis. Como ejemplo del segundo grupo, me fui a ver 300, que como ya sabréis, es una adaptación tirando a fiel de un tebeo de Frank Miller. Fue justo lo que me esperaba, una sucesión de imágenes espectaculares hiladas por un guión flojito, exactamente igual que su versión en papel. Clava el cómic en el tonillo rancio y militarista y en la paradoja de poner a los espartanos, que eran más bien tiranófilos, como paladines de la libertad individual. Tampoco son mérito de Zack Synder todos esos planos fijos tan estéticos que calcan láminas de Miller. No, ni los detalles homoeróticos. Su principal aportación a la película es el haber convertido a los Inmortales persas en orcos (Vamos a ver, esos tíos llevaban máscaras para asustar al enemigo, pero si resulta que acojonaban más cuando se les caía ¿pa que la querían? ¿pa fardar?).

En resumen, la peli está bien pa matar el rato si te gusta la épica. Yo tuve la suerte de verla en los cines esos que Paco Vázquez dejó en el puerto de Lacoru antes de irse por ahí a rezar, que tienen muy buena calidad de imagen y dan lugar a grandes anécdotas. Veréis, durante una escena, dos espartanos están recogiendo cadáveres como quien no quiere la cosa hasta que viene su rey a llamarlos. El plano se abre y vemos que lo que parecía un montoncito es en realidad una muralla de tres metros de alto, hecha de muertos. En ese momento, uno de los espectadores lanzó, a voz en grito, la mejor definición posible de 300, tal que así:
- ¡Buah, neno!

Y es que puede decir más alto, pero no más claro.

Justo en la recta final, celebré dos cumpleaños consecutivos (felicidades, rare; felicidades, API) e hice una veloz visita a Asturias, para comprobar que a mi sobrina ya le han salido algunos dientes y está ansiosa de probarlos en dedos ajenos. Durante el viaje recuperé el placer de charlar con mi hermano, que es un hombre muy sabio al que hace demasiado tiempo que no veía. De todas nuestras conversaciones, me quedo con esta:
- Servidor: Llevo una recua de cumpleaños que no veas.
- Hermano: Mejor ¿no? Más fiesta.
- Servidor: Sí, lo que pasa es que algunos colegas ya entran en esa edad en la que te jode seguir sumando cifras, ya sabes, más cerca de los 30 que de los 20.
- Hermano: Eso es una gilipollez, yo hago 38 este año y no me quejo.
- Servidor: ¿No temes que te dé la crisis esa de los 40?
- Hermano: Ni de coña. Sólo hay una forma de no cumplir años, morirse, así que yo encantao.

Bueno, no os quejéis, que ha sido un post bien largo. Y para resarcirme de la prolongada ausencia, mañana aceptaré esa invitación tan sexy que me hace la señorita Elianiña. Volved con vuestro escudo, o sobre él.

27.1.07

Litografías

Algún genio ha dibujado lo que ustedes ven aquí arriba en las paredes de un edificio de Mitrovica, ciudad kosovar. Seguro que ha Coca-Cola no le ha hecho ninguna gracia. El mediador internacional de la ONU, por su parte, ha declinado pronunciarse al respecto.

Pintar en las paredes es arriesgado, y no sólo porque la Policía te pueda hacer una cara nueva. A no ser que vivas en una ciudad como Santiago DC, donde el Ayuntamiento tiene una furia limpiadora sin par, lo que allí escribas quedará fosilizado y descontextualizado durante años, lustros y puede que décadas. Así que más vale que sea una buena idea.

Esta lo es, sin duda, pero recuerdo cientos de "¡Non ó convenio colectivo!" y "Rivaldo Traidor" espolvoreados por los barrios de Lacoru, que resultaban francamente ridículos cuando la noticia que los había motivado llevaba diez años caducada.

También recuedo que, durante unos meses, pequeños lumpen-proletariats llenaron los muros de amenazas contra un tal Clemente de los Mallos, chivato de Policía. Como las pintadas se mantuvieron impertérritas durante unos seis o siete años, Clemente llegó a convertirse en una referencia de la cultura pop local, algo que sin duda estaba lejos de la intención de los creadores de los graffitis.

Pero mi favorito de todos los tiempos es un canto de despecho y surrealismo que está implantado en un muro de Orillamar desde que yo tengo memoria. Reza así, literalmente: "Pelirroja Merchi, cuanto peor está de quien te rodeas, más disfrutas". Mujer de armas tomar, esta Meredes, para destrozarle así a un hombre el corazón y la sintaxis ¿O tal vez fuese una antigua amiga, entre celosa y preocupada por el declive moral de su convecina? Nunca lo sabremos, pero no puedo dejar de imaginarme al autor/autora de ese verso, con 50 años y dos hijos, pasando por delante de su obra y sacudiendo la cabeza: "Mira que era yo flipado/a de joven".

8.1.07

En el túnel del tiempo

Termino hoy un breve período vacacional, de esos que, como ya sabrán mis lectores (y no lectores) veteranos, hacen que me vuelva aún más vago y no actualice nada este engendro de sitio web. Pero habrá que seguir, ahora que el ordenador ha aumentado en uno su cuenta del número de años trópicos transcurridos desde que un presunto mesías nació presuntamente de una presunta virgen.

Como decía aquel filósofo de taberna, las navidades sólo pueden pasarse de dos formas, bien o en familia, y en mi caso, como en el de la mayoría, ha sido lo segundo, con regreso al hogar incluído. Mi madre no me deja tocar nada en casa y mi padre se enchufa más horas de televisión que toda la población de Ruanda junta, así que me pongo a atontolinarme con juegos vetustos en un PC con inntené de 56k (ubi sunt?) o leyendo compulsivamente zapateado en la cama. Como en los viejos tiempos. Reubicarme en mi Montealto natal (provincia de A Coruña) supone, por alguna extraña ley relativista, volver a tener 18 años. Cambian las circunstancias históricas, claro, pues el asilo de Adelaida Muro no ha vuelto a levantarse y Sir Paco manda ahora postales desde el Vaticano, entre otras cosas, pero las relaciones humanas siguen siendo las mismas.

Mismos hábitos, máis ou menos, con la misma gente, máis ou menos. Recuperar mis oxidadas habilidades para el futbolín, el tute cabrón, y ocasionalmente, el mus. Escuchar, con una caña en la mano, lo insoportable que es la novia de X o la tremenda borrachera que se cogió Y el sábado en el botellón. Un entorno estable, una constante, a la que siempre puedo ir por si me da la pájara de que cualquier tiempo pasado fue mejor, o es tiempo perdido, depende de a quién le preguntes.

Luego están los primos, tíos, tios-abuelos, primos segundos, primo-tíos, y sobrino-abuelos, que siguen cantándome la misma canción, oye, bienvenido al club de los que vamos a triunfar. También siguen preguntándome lo de siempre: “¿Pero tú estás bien en Santiago?”, sorprendidos de que haya podido pasar siete años allí, en la pérfida villa paleta que le robó a Lacoru su merecidísima capitalidad, en una conspiración de burócratas y nacionalistas radikales. “Sí, muy bien”, digo yo, y responden, para completar el ritual, “Claro, ya tienes tu vida hecha allí”, pero sus caras vienen a significar: “Pobrecito, está fatal del síndrome de Estocolmo”.

En serio, una semana de esa rutina y casi se me olvida que trabajo en el diario en gallego más importante de Prusia y Osetia del Sur y que me falta el canto de un duro para tener que tirar el Carnet Euro >26. Menos mal que está Ana María Ríos para recordarme lo graciosa que es la actualidad...