Y con estas onomatopeyas me sacudo la pereza y la desidia que me invaden durante los períodos vacacionales, y me dispongo a luchar de nuevo por el bien del gafapastismo desde el más importante diario en gallego de Casiopea, Ganímedes y Beltegeuse... con muy pocas ganas, y a actualizar el blog, con alguna más.
Ya he comprobado que, en cuanto cojo días libres me vuelvo ágrafo, no falla. No importa cuántos buenos propósitos haga, ni lo mucho que me repita “debería escribir algo esta semana”, cuando llega el momento de la verdad y me siento delante del PC, siempre acabo por ver capítulos de alguna serie que me hayan pasado (Full Metal Alchemist, estos días), leer algún cómic chungo en el CDisplay (si no fuese chungo, me lo compraría en vez de descargármelo) o perder el tiempo con algún videojuego (Total War, mayormente). Creo que eso de buscar ideas, decidir un enfoque y convertirlo en una sucesión de frases se parece demasiado a trabajar como para que mi cuerpo lo acepte durante las vacaciones. El síndrome de rascarse los huevos, podemos llamarle.
En todo caso, el descansito me ha cundido mucho, sobre todo en términos de noctambulismo y actividades frikis. Como ejemplo del segundo grupo, me fui a ver 300, que como ya sabréis, es una adaptación tirando a fiel de un tebeo de Frank Miller. Fue justo lo que me esperaba, una sucesión de imágenes espectaculares hiladas por un guión flojito, exactamente igual que su versión en papel. Clava el cómic en el tonillo rancio y militarista y en la paradoja de poner a los espartanos, que eran más bien tiranófilos, como paladines de la libertad individual. Tampoco son mérito de Zack Synder todos esos planos fijos tan estéticos que calcan láminas de Miller. No, ni los detalles homoeróticos. Su principal aportación a la película es el haber convertido a los Inmortales persas en orcos (Vamos a ver, esos tíos llevaban máscaras para asustar al enemigo, pero si resulta que acojonaban más cuando se les caía ¿pa que la querían? ¿pa fardar?).
En resumen, la peli está bien pa matar el rato si te gusta la épica. Yo tuve la suerte de verla en los cines esos que Paco Vázquez dejó en el puerto de Lacoru antes de irse por ahí a rezar, que tienen muy buena calidad de imagen y dan lugar a grandes anécdotas. Veréis, durante una escena, dos espartanos están recogiendo cadáveres como quien no quiere la cosa hasta que viene su rey a llamarlos. El plano se abre y vemos que lo que parecía un montoncito es en realidad una muralla de tres metros de alto, hecha de muertos. En ese momento, uno de los espectadores lanzó, a voz en grito, la mejor definición posible de 300, tal que así:
- ¡Buah, neno!
Y es que puede decir más alto, pero no más claro.
Justo en la recta final, celebré dos cumpleaños consecutivos (felicidades, rare; felicidades, API) e hice una veloz visita a Asturias, para comprobar que a mi sobrina ya le han salido algunos dientes y está ansiosa de probarlos en dedos ajenos. Durante el viaje recuperé el placer de charlar con mi hermano, que es un hombre muy sabio al que hace demasiado tiempo que no veía. De todas nuestras conversaciones, me quedo con esta:
- Servidor: Llevo una recua de cumpleaños que no veas.
- Hermano: Mejor ¿no? Más fiesta.
- Servidor: Sí, lo que pasa es que algunos colegas ya entran en esa edad en la que te jode seguir sumando cifras, ya sabes, más cerca de los 30 que de los 20.
- Hermano: Eso es una gilipollez, yo hago 38 este año y no me quejo.
- Servidor: ¿No temes que te dé la crisis esa de los 40?
- Hermano: Ni de coña. Sólo hay una forma de no cumplir años, morirse, así que yo encantao.
Bueno, no os quejéis, que ha sido un post bien largo. Y para resarcirme de la prolongada ausencia, mañana aceptaré esa invitación tan sexy que me hace la señorita Elianiña. Volved con vuestro escudo, o sobre él.
Ya he comprobado que, en cuanto cojo días libres me vuelvo ágrafo, no falla. No importa cuántos buenos propósitos haga, ni lo mucho que me repita “debería escribir algo esta semana”, cuando llega el momento de la verdad y me siento delante del PC, siempre acabo por ver capítulos de alguna serie que me hayan pasado (Full Metal Alchemist, estos días), leer algún cómic chungo en el CDisplay (si no fuese chungo, me lo compraría en vez de descargármelo) o perder el tiempo con algún videojuego (Total War, mayormente). Creo que eso de buscar ideas, decidir un enfoque y convertirlo en una sucesión de frases se parece demasiado a trabajar como para que mi cuerpo lo acepte durante las vacaciones. El síndrome de rascarse los huevos, podemos llamarle.
En todo caso, el descansito me ha cundido mucho, sobre todo en términos de noctambulismo y actividades frikis. Como ejemplo del segundo grupo, me fui a ver 300, que como ya sabréis, es una adaptación tirando a fiel de un tebeo de Frank Miller. Fue justo lo que me esperaba, una sucesión de imágenes espectaculares hiladas por un guión flojito, exactamente igual que su versión en papel. Clava el cómic en el tonillo rancio y militarista y en la paradoja de poner a los espartanos, que eran más bien tiranófilos, como paladines de la libertad individual. Tampoco son mérito de Zack Synder todos esos planos fijos tan estéticos que calcan láminas de Miller. No, ni los detalles homoeróticos. Su principal aportación a la película es el haber convertido a los Inmortales persas en orcos (Vamos a ver, esos tíos llevaban máscaras para asustar al enemigo, pero si resulta que acojonaban más cuando se les caía ¿pa que la querían? ¿pa fardar?).
En resumen, la peli está bien pa matar el rato si te gusta la épica. Yo tuve la suerte de verla en los cines esos que Paco Vázquez dejó en el puerto de Lacoru antes de irse por ahí a rezar, que tienen muy buena calidad de imagen y dan lugar a grandes anécdotas. Veréis, durante una escena, dos espartanos están recogiendo cadáveres como quien no quiere la cosa hasta que viene su rey a llamarlos. El plano se abre y vemos que lo que parecía un montoncito es en realidad una muralla de tres metros de alto, hecha de muertos. En ese momento, uno de los espectadores lanzó, a voz en grito, la mejor definición posible de 300, tal que así:
- ¡Buah, neno!
Y es que puede decir más alto, pero no más claro.
Justo en la recta final, celebré dos cumpleaños consecutivos (felicidades, rare; felicidades, API) e hice una veloz visita a Asturias, para comprobar que a mi sobrina ya le han salido algunos dientes y está ansiosa de probarlos en dedos ajenos. Durante el viaje recuperé el placer de charlar con mi hermano, que es un hombre muy sabio al que hace demasiado tiempo que no veía. De todas nuestras conversaciones, me quedo con esta:
- Servidor: Llevo una recua de cumpleaños que no veas.
- Hermano: Mejor ¿no? Más fiesta.
- Servidor: Sí, lo que pasa es que algunos colegas ya entran en esa edad en la que te jode seguir sumando cifras, ya sabes, más cerca de los 30 que de los 20.
- Hermano: Eso es una gilipollez, yo hago 38 este año y no me quejo.
- Servidor: ¿No temes que te dé la crisis esa de los 40?
- Hermano: Ni de coña. Sólo hay una forma de no cumplir años, morirse, así que yo encantao.
Bueno, no os quejéis, que ha sido un post bien largo. Y para resarcirme de la prolongada ausencia, mañana aceptaré esa invitación tan sexy que me hace la señorita Elianiña. Volved con vuestro escudo, o sobre él.