La vida es dura en estos tiempos. Si uno no posee propiedades inmobiliarias con las que especular, empleados a los que explotar, o bandas de sicarios armados con los que cometer delitos, cuesta llegar a fin de mes y darse un caprichito. ¿Quién no desea un coche nuevo, una Play Station 3 con unidad masturbatoria unisex , renovar el guardarropa para la temporada de verano o una cena en el Moncho Vilas? Pero claro, no hay un duro y encima el banco no te fía porque estás en la lista de morosos desde aquella vez que intentaste dar de baja tu conexión a internet. ¿No tiene fin la injusticia de este mundo?
Bueno, por estos lares, tal vez no, pero hay países civilizados en el mundo donde las fuerzas sociales siempre están intentando que los ciudadanos se puedan sacar un sobresueldo facilito. Por ejemplo, Israel. Corto y pego una información de la Agencia EFE, algo tocho, pero no puedo poner un link porque nadie la ha publicado.
ISRAEL-HOMOSEXUALES
Panfleto llama a matar homosexuales en marcha gay en Jerusalén
Jerusalén, 11 jul (EFE).- La policía de Jerusalén investiga hoy la distribución de panfletos en los que se llama a matar a los participantes en la marcha del Orgullo Gay que tiene previsto celebrarse en la Ciudad Santa el próximo agosto.
La radio pública israelí informó de que las octavillas han sido esparcidas por las calles de los barrios judíos ultra-ortodoxos de la ciudad.
En el comunicado, no firmado, se prometen 20.000 NIS (3.700 euros) a quien mate a homosexuales y lesbianas con cócteles molotov, piedras o clavos. La asociación de homosexuales de Israel ha organizado el Desfile Internacional de Orgullo Gay para el próximo 10 de agosto en Jerusalén.
Entretanto, legisladores israelíes del sector ortodoxo de las comunidades judía y musulmana del país ya se han unido para impedir su celebración. Los conservadores religiosos consideran que la celebración del evento en Jerusalén, ciudad santa para el judaísmo, el cristianismo y el islam, es una provocación.
Los homosexuales afirman que esa sería una medida antidemocrática que no coincide con el discurso del municipio acerca de que Jerusalén es "una ciudad abierta a todos los cultos y pluralista".
En uno de los desfiles anuales que la comunidad homosexual lleva a cabo en ciudades israelíes, y que se celebró en Jerusalén, un ortodoxo hirió con un arma blanca a tres participantes.
Ajá, 3.700 euros por cada invertido muerto. Este si es el estilo del Diox del Antiguo Testamento, pero, ojo al dato, no vale cargárselos de cualquier forma. Nada de misiles tomahawk, napalm o ametralladoras gatling, que son métodos espúreos a los ojos del señor. Sólo cócteles molotov, piedras o clavos, alabado sea
el monstruo volador de espaguetis... digooo... Jehová, alabado sea Jehová.
En todo caso, yo recomendaría emplear
cócteles molotov. Cualquier zote con un mínimo de puntería puede acertarle al centro de la manifestación y cepillarse a cuatro o cinco pecadores de una sola vez (y eso son 18.500 euros). Lo de las piedras tampoco está mal, por aquello del aire retro, pero los clavos es mejor dejarselos a aquellos que prefieran llevar el asunto de forma íntima y personal.
Seguro que ya estáis tentados de ir ¿non si? Pero antes de empezar a matar a nadie, no olvideis informaros de qué clase de pruebas exigen los rabinos locales para aflojar la recompensa, porque no creo que se la den al primero que llegue afirmando haber liquidado a hordas de sodomitas. Es probable que pidan ver cabezas, orejas derechas o incluso genitales cercenados.
En fin, cosas como estas dejan claro que los detractores de Israel están movidos por el puro y simple odio antisemita, ya que en la Tierra Prometida hay una sociedad abierta y civilizada, donde no se realizan masacres gratuítas, como en el Tercer Mundo, sino que se contratan mercenarios. Además, el hecho de pagar por los cadáveres demuestra que los judíos ortodoxos tienen un gran respeto por la homosexualidad, ya que a los palestinos los matan gratis.
Que largo, ¿eh? Iba a poner unas imágenes para aliviar, pero últimamente el blogger está en huelga de subidas. E non teño máis que dicir.