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Este fin de semana he conocido la cuenca minera de Asturias, un lugar que lleva con toda la dignidad posible eso de ser un desecho de la revolución industrial. No exagero, los pueblines de las riberas del Nalón fueron el motor económico asturiano en un tiempo en el que el carbón hacía más falta, pero hoy sólo son grandes zonas de recreo para jubilados de 40 años.
Pernocté en L'Entregu villa de unos cuatro mil habitantes, en el conceyu de Samartín del Rei Aureliu. Es un pueblo urbano, con bloques de cuatro y cinco pisos, calles en cuadrícula, plazas, parques y jardines. Sólo las pintadas recuerdan su pasado revolucionario. Tiene un centro comercial con su Alcampo, dos o tres pequeños supermercados, una tienda de ropa, un bazar chino, una estación de cercanías Renfe, un teatro y un montón de sidrerías. Y poco más. No hay una fábrica cercana, ni oficinas administrativas, ni centrales hidroeléctricas, ni agricultura, ni ganadería ni nada de nada. La gente de allí no trabaja.
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En los 80, L'Entregu tenía cuatro pozos de carbón abiertos, unidos por galerías bajo el corazón del pueblo. Hoy sólo quedan las torres, convertidas en monumentillos, y una recua de gente prejubilada. Los ex mineros campan por el pueblo con sus hijos pequeños y arreglan en mundo en las sidrerías. Sus vástagos, cuando crecen, se van a trabajar a Oviedo, que está a 30 quilómetros, y sólo vuelven el fin de semana a buscar tapergüers de comida.
En 50 o 60 años se habrán muerto todos los prejubilados y la cuenca minera se convertirá en un lugar fantasma, ideal para rodajes de cine y leyendas urbanas. Aprovechad para visitarla antes de que sea demasiado tarde. Y, si vais, que no se os escape el Museo de la Minería, que contiene la única representación turística de una mina de carbón que existe en todo el espacio-tiempo sublumínico.
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El viaje también me sirvió para confirmar dónde está el tan tópico parecido entre gallegos y asturianos. Primero, ellos también colocan los pronombres en posición átona (dicen "díjomelo" en lugar de "me lo dijo"). Segundo, ellos también beben como auténticos animales. Mientras estés sentado en una sidrería, se supone que vas a beber, y no paran de servirte 'culines' de tres dedos de altura hasta que te largas. Y si la botella se acaba, abren otra, sin preguntar.
¿Que por qué he vuelto a Asturias tan pronto? Pues para para conocer a la primera sobrina que he tenido en mi vida. No hablamos mucho, ya que yo no soy un gran conversador y ella sólo tiene veinte días de vida, pero me cayó bien, en general. Duerme, come, defeca y no se hace notar si no es estrictamente necesario. Por pudor, no os pongo una foto, pero, para que os hagáis una idea, es más o menos así.